24 de junio de 2009

Aventuras con Clara

Llevaba tres horas y ventisiete minutos sin parar de caminar.

Ya me dolían la mayoría de los músculos conocidos.
Gotas de sudor sobre mis ojos, me impedían ver a Clara, que caminaba cerca de mi. Sólo la oía quejarse cada ocho o diez minutos.
¿Merecía la pena tal esfuerzo?

Nos costó la decisión de comenzar, pero allí estábamos. Con perseverancia.
Cuando oi su decimoventitresava queja, supe reconocer el error.
La miré nuevamente. Esta vez sin la humedad ocular.
Tomamos, casi intuitivamente, la decisión terrible: Añadir imagen
A una señal, apagámos la cinta andadora del gimnasio y, con una alegría sarcástica, nos dirigimos a las duchas.

De camino a casa, nos besamos sin parar.
Clara era toda una aventura.
Un día entrañable nos esperaba por delante.

Más información:
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